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Cuento largo, o novela breve.

domingo, 05 de julio del 2009 a las 00:06

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  Revolución

 

 Analía

                                                  1

14 de julio 2015

 Crack, sonó la pastillita en la boca de Analía. Tzzzzzzz. Despidió su efervescencia blanca y acida de efecto instantáneo. El iris verde de Analía, que reflejaba a su novio barbudo sostenido por dos uniformados, se contrajo. Una última bocanada profunda y la respiración se cortó… la muchacha, con la cabeza boleada y la punta de la lengua asomándose,  se desplomó sobre el andén de estación pueblerina.

  Los uniformados corearon su “¡oooh!” de decepción ante otra presa femenina perdida. Una bota movió el cuerpo inerte, la presa sin voluntad y sin sentido. El tren de maquina de las diez se avecinaba. Un soldado raso tomó de las muñecas a Analía y le indicó a otro que tomara los tobillos. De nuevo el coro; a la una… a las dos y… a las…

  La fantasía de ser violada bajo una ducha sin flor, ambas palmas contra la pared de azulejos opacos chorreados, había arrastrado a Analía a la lucha por la causa y esa lucha vertiginosa la llevó hasta aquel anden de pueblo, con un 38 en la cintura y una lanza láser pulverizadora en la valija con margaritas de goma eva estampadas.

 

                                                   2

 

Ocho meses antes:

 El motor se activó durante una de las sesiones de domingo. La madre de Analía recibía en su casa mujeres que habían sido apresadas, torturadas y violadas bajo una ducha sin flor en el centro clandestino de detención del pueblo. Los testimonios quedaban grabados en el Winco y pronto formarían parte de un libro llamado; Manual para la concientización de un pueblo.

 La madre salía de la habitación con paredes de corcho, encendía un jockey corto, se presionaba las sienes, apoyaba la nuca en la pared y miraba a su hija, Analía, que simulaba escuchar la canción pop de moda.

 

-          ¿estuviste escuchando, no?

-          No, mami, te juro que no.

 

 Sin embargo el pan con manteca y azúcar estaba intacto en el plato. Por el ojo de la cerradura escapaban hilos de los testimonios y la madre lo sabía pero no pensaba hacer con su hija lo que sus padres con ella. El no haberse metido en la plenitud de su vida, el haber ido del trabajo a su casa y de su casa al trabajo, como sus padres le decían, le dolía más que cualquier tortura física. Al tiempo la mujer encontró historietas guionadas y dibujadas por Analía, los protagonistas eran monigotes que recibían la noticia de una revolución, también encontró un ensayo escrito a maquina y titulado: La reconstrucción de Eutopía (la E  tachada con microfibra roja), junto a un dvd sobre la vida y la obra de Carl Marx.

 Una tarde Analía llegó con varias bolsas de una conocida casa de ropa, al rato salió vestida con botas negras y polera oscura y boina roja. Los ojos de la madre, que veía el nuevo look de la hija, se llenaron de lágrimas.

 

-¿Qué hay, ma?

- nada hija, te estoy mirando, nada más…- a la mujer se le anudó la garganta y no pudo agregar; y admirando.

                                            3

 

Inscribirse en el colegio “Nuestra Señora De La Concordia” fue el primer paso de una misión encomendada por su flamante novio barbudo.

 El ocho de mayo Analía salió uniformada religiosamente de su casa. ¿en que te estas metiendo, hija mia? Pensó la madre bajo el umbral de la puerta, la muchacha que sostenía la verja le preguntó:

 

-          ¿Qué pasa, mamá?

-          Nada, hija, nada.

 Ese día la mujer se arrepintió de haber sacado el bollito de papel de diario del ojo de la cerradura, ¿Qué mujer con sangre en las venas puede mantenerse pasiva después de oír sobre esas violaciones? Y sintió orgullo y preocupación por su hija.

 La mujer entró al living con paredes de corcho, puso llaves a la puerta, de la mesa de luz tomó  un paquete de jockey corto, sacó un cigarro y lo encendió. Puso play al Winco, y empezó a tomar notas para su libro.

 

                                            4

 

Sonó el timbre del recreo disciplinado. En el patio cubierto de la escuela, algunas chicas se acercaban a orarle a la virgen francesa rodeada de piedras y una cascada artificial, le pedían lucidez para la prueba de matemática de la próxima hora o que algún profesor deje a la esposa tal y como había prometido.

 Mientras tanto Analía veía la foto (un alambrado mediaba entre el lente y la fotografiada) de Rossi, su objetivo. En la foto, Rossi estaba sentada en un cantero comiendo una manzana. Esa foto no hubiera sido posible después del inicio del conflicto civil, ya que la escuela se había convertido en una fortaleza protectora de varias hijas de militares y un muro separaba a la escuela de la calle.

 Analía se acercó a Rossi. La muchachita de pelo anaranjado y pajoso mostró a Analía la pajita mordida de su cepita de manzana, Analía sorbió las últimas gotas. Se conocieron. Charlaban sobre cine cuando sonó el timbre de final de recreo.

 

-          bueno. Me voy- dijo Analía ofreciendo una mano a Rossi.

-          ¿te gustan las geishas?

-          No se que son.

-          Japonesas que andan con cajitas, adentro de las cajitas guardan la virginidad ¿querés ir al jardín japonés?

-          Esta bien, el sábado.

-          No puedo salir los sábados, tiene que ser hoy.

-          ¿a la salida?

-          No, porque me vienen a buscar. O estoy en casa o en esta carcel.

  Rossi tomó a Analía de la muñeca y se la llevó flameando hasta los baños clausurados. De una patada destrozó la puerta podrida.

 

-          cuidá que no venga nadie- dijo Rossi.

 Analía se quedó viendo su reflejo picado. Era un baño sucio, oscuro, las paredes musgosas emanaban olor a humedad. Rossi entró en una de las casetas sin inodoro, corrió una plancha de metal que estaba apoyada en la pared y vio una enredadera por la que se filtraba el sol. Llamó a Analía. Amabas atravesaron la enredadera y salieron por un hueco en la muralla a la calle soleada.   Era una calle desierta, la parte trasera del colegio. Se subieron al primer colectivo que pasó. En 45 minutos estuvieron en el jardín japonés. Los días de semana a esa hora el jardín era un desierto, solo la mitad de los puestos con sus vendedores. En un puesto, frutas luminosas colgaban del toldo, pidieron helado. Frutilla y chocolate estuvo por decir Analía, dejame a mi, dijo Rossi mordiéndose el labio inferior, se nota que nunca viniste. Al rato, en un banco cerca de un puente; tomaban helado de tilo, jazmín y rosas amarillas.

 

-          tengo siempre el mismo sueño- dijo Rossi- estoy acá sentadita con este traje pero la pollera así- se levantó la pollera marrón hasta arriba de las rodillas- tomando helado y veo venir desde allá- señalo al puentecito- un panda con cara de enojado- Rossi trató de imitar la cara del oso.- y me da miedo y a la vez cosita linda, lo dejo que se acerque y meta la cabezota entre mis piernas y que con la lenguita me chupe, para hacerlo más real duermo con un peluche cerca y cuando estiro la mano es como si tocara al panda, así que a veces quisiera dormir para siempre.

-          ¿morirte?

-          No, no se como es eso. Me gustaría estar, no se. En estado vegetativo.

-          Tenemos que volver, no vas a llegar para la salida sino.

 

                                        5

 

El pelo púbico de Analía era castaño claro- no me parece ni egoísta ni forra- de rizos bien definidos- un poco rosa puede ser- tenía el vientre chato.- y vive en una nube de pedos, bueno-  los pezones rosa-morados miraban a direcciones opuestas.

El pelo púbico de Juan Manuel, el novio de Analía, era negro y tan abundante que apenas dejaba ver un centímetro del rugoso pene del muchacho- vivir en una nube de pedos es más nocivo que pelear del otro lado.

Analía y Juan Manuel estaban desnudos, recostados en una cama de plaza y media, rodeados de posters de dragon ball z. El sueño adolescente del muchacho de tener pelos parecía haberse convertido en una pesadilla, y no era pelo que se dejaba llevar por el viento el que poblaba sus cejas y su cabeza, era más bien una especie de alambre, resistente a la lava volcánica.

-          ¿no se puede regular la bomba? Digo para que el daño no sea el máximo…- dijo Analía.

-          Te dije que no te involucres ¿no lo hablamos mil veces? ¿en que carajo estas pensando, Ana?- el muchacho se puso de pie, buscaba algo bajo la cama- ¿te sedujo con su mierda burguesa?- su mano dio con un slip. La puerta de la habitación se abrió. Una cabeza de mujer se asomó y desapareció enseguida, como si alguien le hubiera arrojado un martillo. Del otro lado de la puerta la voz preguntó si necesitaban algo.

-          Nada, ma- respondió Juan Manuel.

                     

                                                6

 

Cuando Analía vio a Rossi jugando al fútbol en la cancha de once de la escuela, soportar una patada en la canilla sin chistar, resistir el partido entero sin pedir el cambio, saltar a cabecear abriendo los codos en el aire y hacerse gárgara con agua de bidón amarillento y escupirla atrás del arco, pensó que ni siquiera era rosa y frívola. De todas formas la misión debía seguir adelante, Analía sabía que esa muchacha era un medio implacable para cumplir su fantasía. Fantasía que Analía empezó a tener sentada en aquel tronco que simulaba un banco de suplentes, fantasía que ninguno de esos muchachitos de uniforme religioso desprendido podría cumplirle, primero porque ella debía pedírselos, segundo porque no tenían la cabeza rapada y ninguno le daría una trompada en el estómago como aquel militar de “verga monstruosa” le había dado a la mujer que lloraba en el Winco. Y no pensaba viajar 500 kilómetros para participar de esos videos preparados. Recordó aquel video de la colegiala que era secuestrada por dos automovilistas y violada en un bosque, al final los dos automovilistas y la colegiala aparecían abrazados como  colegas hablando sobre la escena, lo único que Analía entendió del discurso de los actores brasileros fue que todo había sido actuación.

-          ¿ves al boludito aquel?- la voz de Rossi la trajo a la realidad- el que se cree lindo porque de pedo nació con los ojos claros y porque usa una muñequera- Rossi señalaba a un muchachito que comía una barra de cereal, estaba rodeado de colegialas.-  un día me lo sostenes, ni fuerza tiene, y yo le meto una cuchara en los ojos… ¿de que te reís?

-          No, de nada.

-          Bueno, toma.- dijo y le dio una tarjeta de cumpleaños- te invito a mi cumpleaños.

 Rossi se bajó la media hasta el talón, tenía un huevo violeta en la canilla. Analía y Rossi se quedaron en el campo de deportes hasta el atardecer.

-          ¿nunca se la viste a tu papá?- preguntó Rossi.

-          No tengo papá desde los cinco.

-          Eso no es excusa. Yo entré a los cuatro en el baño, cuando el estaba haciendo pis, diciendo que me dolía la pancita y se la miré ¿hiciste el amor alguna vez?

-          Si, varias.

-          ¿con más de uno?

-          Si, Tuve tres novios en total ¿vos lo hiciste?

-          Nunca. El otro día le di un beso al tonto que te señalé pero nada más. Y siempre sueño con el panda. Es hermoso.

-          ¿seguís pensando que te gustaría soñar con eso para siempre?

-          Si, no hay nada mejor, es cada vez más real, pero siempre los ruidos y las cosas me despiertan o lo hacen menos real.

 

                                                   7

Analía y Juan Manuel estaban en el bar “Che”. Sonaba la música de una quena. Había un cuadro de Mao Tse Tung, ese viejo de rostro apacible- mira esta tarjeta,  dice, es rosa-  el viejo tiene un lunar bajo el labio inferior, del lado izquierdo- y frívola al cuadrado- la camisa marrón que no respondía a ninguna moda tenía un único botón bajo el cuello- pendeja hija de puta, pero esto se va a acabar, ana.

 

 

 En otra columna una pintura de Juana Azurduy, mirada al cielo,  una espada en alto en la derecha, una bandera roja en la izquierda- si, puede ser, respondió la voz femenina, llanura pampeana y un cielo azul de fondo.- es frívola, dijo Azurduy, con la voz de Analía deseando respirar debes en cuando una brisa rosa, cambiar algún viernes la reunión con camaradas por una película de amores imposibles pero todo sea por la fantasía, ese era el motor. Motor que se apagó la noche que siguió al cumpleaños de Rossi.

 

                                               8

 

El Eskave emanaba su calor infernal en el pasillo de la casa de Rossi, mientras en el living las chicas quedaban paralizadas cuando la música se detenía, sonaba “Chica fugitiva” y el baile de Coni y Kenita consistía en correr en el lugar y mirar hacía atrás, a un captor imaginario que también se detendrá cuando la cinta deje de girar. Analía y Rossi se acercaron al Eskave.

-          prometeme- dijo Analía que vas a esperar a medianoche para abrir mi regalo.

-          ¿Por qué hasta esa hora?

-          Porque es muy importante, después de abrirlo tu sueño se va a hacer realidad y el mío también.

-          ¿y vas a venir después a hacer lo que habíamos planeado? Él me va a estar esperando cerca de la escuela. Si no venís voy sola.

-          Chicas- la voz masculina se acercó con taconeo de botas.- es hora de cortar la torta.

-          Ya vamos, papá.

Las chicas fueron al living.  El Eskave emanó una potente ráfaga de calor. El uniformado padre de Rossi  se frotó las manos y las puso sobre el calefactor mientras oía la canción de feliz cumpleaños.

 

00.01  AM 

 ¡¡¡¡¡BUUUUUUUUUM!!!!!

 En la habitación blanca, rosa y verde pastel flotaban plumas blancas, los regalos estaban desparramados, un zapato debajo de la cama, el otro adentro de medio florero, la muñeca bailarina calcinada y lisiada, fogoncitos bailaban sobre la alfombra, Rossi no había necesitado abrir la ventana para escaparse (cristales, y una cuchara de plata, sobre la vereda, reflejando la luna) y estaba entre las ramas más altas del tilo, con su vestido color té y sus bucles naranjas. Los bomberos trabajaron tres horas para despegar el cuerpo de la muchacha, su corazón latía débilmente.

 

                                                     9

 

Una gran foto de Trotsky reemplazaba el espejo del techo. Bajo la foto, en una cama de dos plazas estaban Analía y Juan Manuel desnudos.

-          te estas dejando estar demasiado- dijo ella.- estas raquítico, todo peludo, oloroso.

-          Ya no me importa el aspecto físico.

-          ¿te crees que eso va a resultar?

  Juan Manuel prendió la tele, en algunos canales estaba la fachada medio quemada de la casa de Rossi, en otros el identikit de Analía.

-          se va a poner difícil la cosa, mañana tenemos que tomarnos el tren de las diez y escapar- dijo Juan Manuel, estaban en un hotel exclusivo para luchadores; el turno, la consumición, los profilácticos y el servicio de remís eran gratis- yo creo que ya puedo entregarme.

-          Yo también…

-          Te va a ir mal si te entregas, aunque puedo ayudarte a escapar cuando…

-          Ja. Olvidate ¿Qué me puede pasar?

-          Te van a garchar todos los milicos.

 Silencio. Ella decidió dar una probada previa.

-          voy a bañarme- dijo – cuando se te antoje, entras y me violas, que no te importe si chillo o pataleo.

 En el baño desenroscó la flor de la ducha, escuchó sonar el teléfono, abrió el grifo de botón azul, se le erizaron los pelitos de los brazos y los del pubis. Entró Juan Manuel, pronunció una frase. Ella se mordió el labio inferior.

-          sin hablar ¿dale?- murmuró.

La fricción resultó insoportable. El agua secaba. Si, el agua secaba, la cosa llevada a la práctica era una mierda  y una violación bajo una ducha sin flor en un centro clandestino de detención era inevitable. El motor se apagó.

-          ¿es cierto que hay una pastillita?

-          Tengo alguna ¿pero estás segura?

-          Si y pedí un remís.

 22 minutos de demora. Sonó el teléfono del cuarto, el conserje anunció remís en puerta y deseo suerte. El chofer del remís era un hombre de tupido bigote. Cuando Analía y Juan Manuel salieron del cuarto el cielo empezaba a aclararse, ella cargaba una valija floreada y un 38 en la en la cintura, él apenas lo puesto, no pensaba resistirse.

- hasta la estación- dijo Juan Manuel.                                                    

El resmisero usó el handi.

-          ¿Cómo esta el camino?- preguntó.

-          Despejado por el momento.

 El senda recorrió las calles desiertas del pueblo. En una esquina chocó con la trompa de un jeep cargado de soldados. El remisero pidió refuerzos.

        

                                          10

 Ese domingo a la mañana en el barrio que rodea la estación de tren se escucharon mil ochocientos treinta y seis tiros. A las diez menos cuarto la frente del remisero llevaba una hora apretando la bocina del senda, saliendo del arrabal sobre la acera de la avenida desierta estaba desplomado el cuerpo de otro bigotudo, gemelo del remisero, dentro de una panadería un jeep calcinado, un niño vio desde su ventana la caída de un helicóptero y la explosión pero no pudo contarlo a sus compañeros de tercer grado, refuerzos de ambos bandos surgieron del prostíbulo y se enfrentaron en el estacionamiento improvisado en un terreno baldío, cayeron seis guerrilleros, cuatro uniformados, un cafisho, una veterana  y una negra mota que piso una mina.

 Juan Manuel empujaba a Analía en los matorrales que circundaban la estación de tren, faltaban menos de diez minutos para la llegada del tren de las diez. Un poco más, ella tenía la canilla llena de ronchas, él no la dejaba parar a rascarse. Se parapetaron tras un vagón de maquina de 1914, en el que los niños del pueblo se sacaban fotos los domingos a la tarde. Siguieron corriendo, ella trepó al anden, él se quedó en la vía, fue entonces cuando de la boletería y del baño de la estación salió un escuadrón de uniformados. La pastillita salió de debajo de la lengua de Analía que estaba rodeada por diez uniformados. Juan Manuel puso las manos en la nuca y se arrodilló sobre la vía, dos uniformados lo apresaron, la pastillita se metió entre los dientes de Analía y crack.

 A las once de la mañana gracias al eficiente servicio de A.B.L no quedaba en el pueblo rastro de la batalla. 

 

 

                                            Rossi

 

La madre nunca olvidara al grupito de compañeros de colegio de su hija, Rossi, en la sala de espera de la clínica; caídos en la reorganización nacional.  Nunca olvidará los cánticos, los gorros, las banderas y las binchas homenajeando a Rossi. Tampoco olvidará a Coni, Kenita y Joaquín riendo y llorando  y contando anécdotas de Rossi en la escuela, Rossi en el campo de deportes, Rossi en el 15, para la emisión nocturna del noticiero. No olvidara a Coni, Kenita y Joaquín con la bandera de Rossi en el living de un programa matutino, ni olvidara al grupo embanderado tomándose una foto en la fachada de la clínica, en un extremo de la foto uno de los muchachitos salió saltando con los brazos abiertos y los talones contra los glúteos.

 Mientras tanto Rossi vegetaba alimentada por luz y oxigeno artificial en una habitación de la clínica. La habitación tenía un gran ventanal desde donde podía verse la autopista y más allá de la autopista los edificios y el enorme cartel de Cocót.

 Un atardecer de martes el padre de Rossi, sentado al costado de la camilla de su hija, leía La nación cuando un sonido gutural lo hizo bajar el periódico y levantar una ceja, el sonido se repitió con más intensidad, con más constancia. Era Rossi que jadeaba cada vez mas fuerte, en el sueño podía palpar al panda, no era un peluche de floja mollera, esta vez el panda tenía un pelaje sucio y un cráneo duro, la enorme cabeza de animal obligaba a la muchachita a abrir más y más las piernas, el parquecito Japonés estaba desierto, el cuerpo de Joaquín sin ojos flotando en el lago, la madre de Rossi irrumpió en la habitación, ¿Qué le estas haciendo, hijo de puta?

 El hombre mostró sus palmas, Rossi en la camilla y en el banco de plaza se mordía el labio inferior y se apretaba un pecho; si ay si, era un oso sucio, baboso, cada tanto llegaba hasta Rossi una bocanada caliente de olor a pescado, la bocanada plagó la habitación, el olor le recordó a Rossi el obeso pescador que había visto de chica en un muelle, durante una de sus vacaciones. Los jadeos de la chica llegaron al clímax y menguaron, la muchacha tuvo algunos espasmos en la camilla y en el banco, después anestesiada se desvaneció, el panda se paró sobre sus patas traseras, abrió la boca llena de desparejos colmillos, algo de baba espesa cayó sobre el banco humedeciendo la camilla, la garra del oso eclipsó la luna y cayó sobre la pequeña cabeza de Rossi.

 

                           Juan Manuel

 

Juan Manuel vio el cuerpo de su novia desplomarse sobre el andén. Después desde el asiento trasero del jeep vio a los uniformados arrojando el cuerpo de ella a la vía. A Juan Manuel le dieron un violento somnífero de efecto instantáneo  en la nuca. Al rato intentó abrir los ojos pero los tenía tapados, no pudo rascarse las pantorrillas mientras caminaba, escoltado por dos uniformados, desfiló por el predio de una ex fábrica y por un pasillo de paredes verdes descascaradas. Por los ventanales altos entraba el sol de domingo al mediodía. Oyó dos golpes en una puerta, de un empujón entró a la oficina de un comandante.

-          ¿Cuáles son los cargos?

 Los cargos fueron dichos en voz alta por el escolta de hombros caídos y cabeza rapada a cero. Juan Manuel se deshizo de uno de los cargos jurando que la granada en el escritorio del registro civil había sido un descuido, había olvidado sin seguro aquel llavero que llevaba generaciones en la familia, recue

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matiasrano

matiasrano escribió esta anotación hace 4 meses. En ella habla sobre Cuento Largo Novela Breve.

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